07/08/2026
Feliz 7 de agosto
La columna de Agosto
Cada cambio de gobierno marca el inicio de una nueva etapa para Colombia. Los próximos cuatro años representan una oportunidad para mirar hacia adelante con esperanza, pero también con madurez. Más allá de quién ocupe los cargos de poder, el verdadero desafío consiste en que el país aprenda a convivir en medio de las diferencias, dejando de lado el odio, la descalificación permanente y el fanatismo político que tanto ha dividido a los colombianos.
Es natural que existan opiniones distintas y proyectos de país diferentes. Eso hace parte de la democracia. Sin embargo, convertir a un político o a un partido en el centro de nuestra vida difícilmente garantizará bienestar. Ningún gobierno puede asegurar la estabilidad personal de cada ciudadano, salvo para quienes, por alguna razón, obtienen beneficios particulares, favores políticos o contratos derivados de su cercanía con el poder. Para la inmensa mayoría de los colombianos, el futuro seguirá dependiendo, sobre todo, del esfuerzo diario, de las decisiones responsables y de la capacidad para salir adelante con trabajo y disciplina.
También es importante comprender que el Estado tiene responsabilidades fundamentales con la sociedad, pero no puede resolver cada necesidad individual ni reemplazar el compromiso que cada persona tiene consigo misma, con su familia y con su comunidad. Esperar que todas las respuestas provengan del gobierno solo genera frustración. Colombia necesita ciudadanos que cada mañana se levanten con el propósito de construir su propio camino, aportando desde su hogar, su empresa, su finca, su negocio, su profesión o su oficio al desarrollo del país.
Ojalá que durante estos cuatro años la proactividad se convierta en una virtud de todos los colombianos. Que dejemos de esperar que otros hagan por nosotros lo que también está en nuestras manos. Que el trabajo, la creatividad, la honestidad y el compromiso recuperen el lugar que merecen. Un país progresa cuando millones de personas deciden asumir la responsabilidad sobre su propio destino y entienden que el desarrollo colectivo comienza con las acciones individuales.
Al mismo tiempo, no podemos caer en el extremo de guardar silencio frente a lo que está mal. Existe un viejo dicho que afirma que "uno no debe patear la lonchera", pero tampoco puede convertirse en cómplice de las arbitrariedades que puedan cometer quienes ejercen el poder simplemente por el deseo de conservarlo. Apoyar una idea no significa renunciar al pensamiento crítico. La democracia necesita ciudadanos capaces de reconocer los aciertos, señalar los errores y exigir transparencia sin importar quién gobierne.
En ese ejercicio también es necesario aprender a informarnos mejor. Las redes sociales pueden ser útiles para comunicarnos, pero no deberían convertirse en nuestra principal fuente de información. Gran parte de los contenidos que circulan allí responden a intereses convenientes, presentan versiones incompletas de la realidad o buscan despertar emociones antes que promover el análisis. Por eso es indispensable contrastar la información, escuchar diferentes puntos de vista y mantener los pies sobre la tierra antes de asumir una posición política o compartir un mensaje que contribuya a la desinformación.
Quizás uno de los mayores aprendizajes que Colombia necesita es entender que pensar diferente no convierte a nadie en enemigo. La riqueza de una nación está precisamente en su diversidad de ideas, culturas y formas de ver el mundo. Respetar la opinión ajena no significa renunciar a las propias convicciones; significa reconocer que el diálogo vale mucho más que el insulto y que la convivencia siempre será más útil que la confrontación permanente.
Que estos cuatro años sean una oportunidad para construir una paz propia, una paz que nazca de la tranquilidad de nuestras decisiones, del respeto hacia los demás y del compromiso con nuestro entorno, más que de los discursos que históricamente nos han prometido soluciones absolutas. Que aprendamos a trabajar con mayor responsabilidad, a depender menos de los salvadores de turno y más de nuestras capacidades. Si cada colombiano hace su parte con honestidad, sentido crítico y respeto por quienes piensan distinto, el país tendrá muchas más posibilidades de avanzar, independientemente del color político del gobierno de turno.