20/05/2026
EL TAMBOR SE SILENCIA EN LA TIERRA, PERO SU ECO SE HACE ETERNO
Ayer el río Magdalena pareció detener su curso y los tambores del Caribe resonaron con un eco de nostalgia. Colombia y el mundo despiden físicamente a Sonia Bazanta Vides, nuestra eterna Totó la Momposina, quien ha partido dejando un vacío imponente en los escenarios, pero un legado inquebrantable en el alma de nuestra nación. Desde la IEC Visión Ágape, nos unimos al sentir nacional para rendir honores a la cantadora que nos enseñó a escuchar la raíz de nuestra identidad.
Totó no solo cantaba; ella custodiaba la memoria. Nacida en la tradición ribereña de Talaigua Nuevo, convirtió el canto folclórico en un escudo contra el olvido. Su vida fue un testimonio de resiliencia: cuando el desplazamiento forzado la trajo a Bogotá siendo una niña, la música de su tierra se convirtió en el refugio de su familia y, más tarde, en su misión de vida. Recorrió los pueblos de la costa recopilando los saberes, las danzas y los ritmos de las viejas cantadoras, rescatando un tesoro cultural que corría el riesgo de desaparecer.
Su obra rompió fronteras. Fue la voz que hizo retumbar la identidad de nuestro país en Estocolmo durante la entrega del Premio Nobel a Gabriel García Márquez en 1982, y bajo el sello internacional Real World, llevó la cumbia, el mapalé y la chalupa a los rincones más exigentes del planeta. Logró que el mundo entero mirara con respeto y admiración la herencia africana e indígena de Colombia.
¿Por qué su legado es fundamental para nosotros como institución educativa?
En la IEC Visión Ágape creemos firmemente que educar es también sembrar identidad, memoria y pertenencia. Totó la Momposina nos demostró que la tradición no es una pieza estática de museo, sino un fuego vivo que se hereda y se defiende. Su vida es un aula abierta sobre el valor de la resiliencia, el rescate cultural y el orgullo de nuestras raíces mestizas.
Hoy se apaga la voz de la cantadora descalza, pero su siembra queda en las nuevas generaciones que hoy aprenden a amar y respetar nuestra historia a través del arte. Su canto ya no pertenece a los escenarios; ahora pertenece al viento, a la historia y al corazón de cada colombiano.
Hasta siempre, Totó. Tu tambor seguirá latiendo en cada rincón de la patria.