18/04/2025
Volver a la casa donde nació mi familia fue uno de los desafíos más grandes que viví en 2018. Lo logré.
Pero en ese momento, solo sentía tristeza. No podía ver cuán importante era para mí haberlo conseguido. No podía disfrutarlo.
Con el tiempo, al soltar situaciones incómodas, dejar de lado el “qué dirán” o “qué pasará”, y enfocarme en mis propios proyectos, algo cambió. Al trabajar en mi integridad emocional, comenzaron a aparecer oportunidades maravillosas. Entre ellas, la de venir a Andorra a trabajar
Con confianza, respeto, decisión y amor por lo que hago, también apareció una persona muy importante en mi vida.
Alguien que llegó en sintonía con este nuevo camino, acompañándome desde el amor, la calma y la presencia. Una conexión que suma luz y sentido a cada paso.
Hoy volvi a esa casa, a ese origen del que vengo, y esta vez sí pude disfrutarla desde el amor y la felicidad.
Y cuando llegué, ya no hubo lágrimas de dolor.
Hubo alegría, baile, canto y gratitud.
Gratitud por todos los que estuvieron allí antes que yo.
Ellos, que nos enseñaron a caminar y a transitar esta vida.
Cuando soltamos creencias y dolores que ya no nos pertenecen, el mundo y nuestras vidas se transforman. Y esa transformación se siente como felicidad