23/02/2015
LA IDOLATRÍA
Texto clave
“Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas”.
(Isaías 42:8)
A QUIÉN DEBEMOS ADORAR
1. ¿Cuál es el primer mandamiento dado por Dios? (Éxodo 20:3-6)
“No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza
de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la
tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte,
celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta
generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me
aman y guardan mis mandamientos”.
Nota: El Dios del cielo desea que toda la gloria y toda la adoración sea sólo para
él. Él no está dispuesto a compartir esa adoración y gloria con nadie más.
2. ¿Qué sabio consejo nos da el apóstol Juan? (1 Juan 5:21)
“Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén”.
3. ¿Cuál es el consejo de Pablo para cada uno de nosotros? (1 Corintios 10:14)
“Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”.
EFECTOS DE LA IDOLATRÍA
4. ¿Qué nos dice las Sagradas Escrituras en cuanto a las cualidades de los ídolos, y de los
que confían en ellos? (Salmo 115:4-8)
“Los ídolos de ellos son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no
hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no
huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su
garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos”
5. ¿Qué sucederá con el hombre idólatra en el día del juicio final? (Isaías 2:19-20)
“Y se meterán en las cavernas de las peñas y en las aberturas de la tierra, por la
presencia temible de Jehová, y por el resplandor de su majestad, cuando él se levante
para castigar la tierra. Aquel día arrojará el hombre a los topos y murciélagos sus
ídolos de plata y sus ídolos de oro, que le hicieron para que adorase”.
6. ¿Qué sucederá en el día del juicio con los que hicieron de las riquezas su dios?
(Ezequiel 7:19)
“Arrojarán su plata en las calles, y su oro será desechado; ni su plata ni su oro podrá
librarlos en el día del furor de Jehová; no saciarán su alma, ni llenarán sus entrañas,
porque ha sido tropiezo para su maldad”.
Nota: En los textos citados nos hace claro que ningún dios ni de oro o plata o
hecho de manos nos podrá ayudar a enfrentar el día de Jehová. Sólo Jesucristo
hará posible nuestro encuentro favorable con el Padre.
7. ¿Cuán grande llega a ser la ignorancia del ser humano que se hace ídolos de madera,
yeso, barro, plata y oro? (Isaías 44:10-20)
“¿Quién formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho? He
aquí que todos los suyos serán avergonzados, porque los artífices mismos son hombres.
Todos ellos se juntarán, se presentarán, se asombrarán, y serán avergonzados a una. El
herrero toma la tenaza, trabaja en las ascuas, le da forma con los martillos, y trabaja en
ello con la fuerza de su brazo; luego tiene hambre, y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y
se desmaya. El carpintero tiende la regla, lo señala con almagre, lo labra con los cepillos,
le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de hombre hermoso,
para tenerlo en casa. Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles
del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia. De él se sirve luego el hombre para
quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace
además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño
quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se
calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un
ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi dios
eres tú. No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón
para no entender. No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir:
Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré
del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol? De ceniza
se alimenta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga: ¿No es
pura mentira lo que tengo en mi mano derecha”?
8. ¿Qué desea Dios que hagamos para que nos vaya bien? (Deuteronomio 5:28, 29)
“Y oyó Jehová la voz de vuestras palabras cuando me hablabais, y me dijo Jehová:
He oído la voz de las palabras de este pueblo, que ellos te han hablado; bien está todo
lo que han dicho. ¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen
todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien
para siempre”!
Ilustración
Era una anciana, en China, que caminaba con la ayuda de su bastón. Escuchaba
atentamente la historia que la misionera contaba a un grupo de mujeres. “Esa historia es
maravillosa”, dijo ella para sus adentros, “pero parece que la extranjera está equivocada.
Voy a preguntarle a una de las que escucha si es cierto”.
“Sí, todo eso es muy cierto”, contestó la interpelada, “y con mucho gusto iré a visitarla
en su casa para contarle más”.
Al día siguiente visitó la casa de la anciana. Por una hora entera le habló acerca de un
Dios vivo y verdadero y de su Hijo Jesucristo. Por fin la anciana dijo que creía, y una
gran paz inundó su corazón.
Una noche, poco después la anciana tuvo un sueño. Una luz brillante resplandeció en su
cuarto y los ídolos sobre el estante comenzaron a moverse. Luego se paró en la puerta el
Señor Jesús, y todos los ídolos bajaron del estante. En su sueño ella les preguntó a los
ídolos: “¿Adónde van?” Y los ídolos no respondieron.