07/02/2025
Jesús, el Estado y la no violencia
Un detalle importante es que Jesús (ctr. Padrenuestro) proclama y trabaja por la agrupación o reunificación del pueblo de Dios, pero no lo identifica con Israel -como magnitud nacional-, ni a Jerusalén como su ciudad (recuérdese el diálogo con la Samaritana).
Jesús se opuso desde el principio a la concepción mesiánica nacionalista (cf. los zelotas) y a la rebelión contra Roma. Su predicación y trabajo para la reunificación de Israel aludía a una realidad totalmente distinta: no se trataba del restablecimiento de un Estado teocrático sino de una nueva sociedad libre y voluntaria (familia o comunidad de discípulos), bajo el reinado de Dios (Padre).
Dad [pues] al emperador lo que es del emperador, pero dad a Dios lo que es de Dios. (Mc 12,17). Jesús sabe que el Estado y sus estructuras de poder son necesarios. Pero el pueblo de Dios no es un Estado. Por eso, Jesús no tiene nada que ver con los zelotas, ni con el uso de la violencia y el terror que ejercen para convertir a Israel en un Estado libre y soberano: Ya sabéis que los que son tenidos por jefes de las naciones las rigen con despotismo, y que sus grandes abusan de su autoridad sobre ellas. Pero no ha de ser así entre vosotros; al contrario, el que quiera ser grande entre vosotros, sea servidor vuestro, y el que quiera ser entre vosotros el primero, sea esclavo de todos; pues aún el Hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos (Mc 10,42-45). Jesús no piensa en la política correcta, ni tampoco en la correcta forma del Estado; Jesús lucha por la fraternidad en el pueblo de Dios. Sabe que la paz y la justicia deben crecer desde abajo, alimentadas por el temor (amor) de Dios: apuesta por la levadura, que fermenta casi imperceptiblemente la masa de harina (Mt 13,33) y compara la venida del reino de Dios con la semilla de mostaza, que es insignificantemente pequeña, pero crece hasta hacerse una gran hortaliza (Mc 4,30-32 o hasta un gran árbol en Mt 13,31-32 / Lc 3,18-19).