20/08/2026
A veces miramos para atrás y no podemos creer todo lo que pasó desde aquella primera casita. ❤️
Era noviembre de 2019. Martín trabajaba en una oficina y yo hacía dos años había cerrado mi local de ropa para dedicarme a maternar. Pero tenía esa inquietud de volver a hacer algo, de empezar un proyecto nuevo.
Un día vi en una página de España una especie de cubo con cerraduras y le pregunté a Martín: “¿Te animás a hacer uno?”
Y se animó.
La primera casita la hicimos en la cocina de casa. Martín aprovechaba sus tiempos libres para fabricar y yo empecé a meterme en las redes, a mostrar lo que hacíamos y a darle forma a una idea que todavía no sabíamos hasta dónde nos iba a llevar.
Así nació Bambi.
A los pocos meses llegó marzo de 2020 y, con él, la pandemia. Martín empezó a trabajar desde casa y nosotros a dedicarle cada vez más tiempo al proyecto. De la cocina pasamos al lavadero, donde improvisamos nuestro primer tallercito.
Las ventas online empezaron a crecer, cada vez más personas conocían Bambi y nos animamos a sumar nuestras primeras cocinitas infantiles.
El lavadero quedó chico. Nos mudamos a un cuartito del fondo de casa, lo agrandamos y ese se convirtió en nuestro primer taller de verdad.
Después llegó una de las decisiones más importantes: comprar nuestro primer router y empezar a fabricar nosotros mismos.
Martín dejó su trabajo. Con muchísimo miedo —y bastante coraje también— alquilamos nuestro primer galpón y trasladamos ahí la fábrica.
Después llegó el segundo router. Más productos. Más clientes. El showroom. Mayoristas. Minoristas. Envíos a distintos puntos del país.
Hoy tenemos más de diez modelos de cocinitas y muchos otros juegos infantiles. Pero las cocinas se convirtieron, sin dudas, en uno de los grandes sellos de Bambi.
Y pensar que todo empezó con una pregunta, en la cocina de casa:
“¿Te animás a hacer una?”
Por suerte, me dijo que sí. ❤️
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