21/08/2022
LA VOZ INTERNA
Los hombres amortiguan la voz interna que atestigua la vida del más allá, y ahogan las palabras que resuenan en el silencio, por el bullicio y el torbellino de los negocios, los placeres y las excitaciones.
Todo el secreto del éxito en el sendero esotérico depende de la actitud mental; cuando la actitud es concreta y materialista, concentrada en la forma y se desean las cosas del momento actual, hay poco progreso en la captación de la verdad esotérica superior.
El sendero de iniciación es... donde se adquiere una constante expansión de conciencia con acrecentada sensibilidad a las vibraciones superiores. Esto se manifiesta al principio como sensibilidad a la voz interna, una de las facultades más necesarias en un discípulo. Los Grandes Seres buscan a quienes puedan obedecer rápidamente a la voz interna de su alma.
Nada satisface al verdadero investigador, hasta que encuentra el Camino, y nada sacia el deseo desde el centro de su ser, excepto lo que se halla en el Hogar del Padre. Es lo que es porque habiendo probado todos los caminos menores, los ha encontrado deficientes, y habiéndose sometido a muchos guías, sólo ha encontrado “ciegos conductores de ciegos”. No le queda más que convertirse en su propio guía y hallar por sí solo el camino al hogar. De esa soledad que es el sino de todo verdadero discípulo, nace ese conocimiento y confianza en sí mismo, que lo capacitará a su vez para ser un Maestro. Esta soledad no es debida al espíritu de separatividad sino a la condición del Camino mismo. Los aspirantes deben tener presente esta diferencia.
..Verdadero investigador es quien posee ese valor poco común, que permite a su poseedor permanecer erguido y emitir su propia clara nota en medio del alboroto del mundo. Esa que, mediante el ojo entrenado, ve más allá de las nieblas y las miasmas de la Tierra, hasta ese centro de paz que preside todos los acontecimientos terrestres, y mediante el oído atento y entrenado (habiendo captado un susurro de la Voz del Silencio), se mantiene a tono con esa alta vibración y, por consiguiente, está sordo a las seductoras voces menores. Esto nuevamente trae soledad y produce el alejamiento que sienten las almas menos evolucionadas cuando están en presencia de otras más avanzadas.
Una situación paradójica tiene lugar cuando se le indica al discípulo que investigue el Camino, y sin embargo nadie se lo señala. Quienes conocen el Camino no deben hablar, pues saben que el sendero es construido por el aspirante, así como la araña teje su tela desde el centro de su propio ser. Unicamente de este modo llegan a florecer como adeptos aquellas almas que en una generación dada han “apisonado a solas el lagar de la ira de Dios” o que -en otras palabras- han expiado a solas su karma y han aceptado inteligentemente la tarea de recorrer el sendero.
Obedecer los impulsos internos del alma. Hacen bien los instructores de la raza en enseñar al neófito la práctica de la discriminación y entrenarlos en la ardua tarea de distinguir entre:
a. El instinto y la intuición.
b. La mente superior y la inferior.
c. El deseo y el impulso espiritual.
d. La aspiración egoísta y el incentivo divino.
e. El impulso emanado de los señores lunares y el desenvolvimiento del Señor solar.
No es tarea fácil o halagadora, descubrirse a sí mismo y encontrar que quizás basta el servicio prestado y nuestro anhelo de estudiar y trabajar, tuvieron un origen básicamente egoísta, o se han basado en un deseo de liberación o desagrado por los deberes cotidianos. El que trata de obedecer los impulsos del alma debe hacer un análisis exacto y honesto de sí mismo, cosa realmente rara en estos días. Que se diga a sí mismo “tengo que ser veraz con mi propio Ser” y, en la intimidad y en el secreto de su propia meditación, tratar de no pasar por alto falta alguna, ni disculparse nada a sí mismo. Que aprenda a diagnosticar sus propias palabras, actos y móviles, ya llamar a todas las cosas por su verdadero nombre. Sólo así se entrenará en la discriminación espiritual y aprenderá a reconocer la verdad en todas las cosas. Sólo así llegará a la realidad y conocerá el verdadero Ser.
No prestar atención a las prudentes consideraciones de la ciencia y sagacidad mundanas. Si el aspirante necesita cultivar la capacidad de caminar solo, si debe desarrollar la facultad de ser verídico en todas las cosas, tiene también que cultivar el valor. Con frecuencia necesita estar continuamente en contra de la opinión mundial y de la mejor expresión de esa opinión. Debe aprende a hacer lo que le corresponde, tal como lo ve y conoce, a pesar de la opinión deliberada de los hombres más grandes y mencionados de la Tierra. Debe depender de si mismo y de las conclusiones a que llega en sus momentos de comunión e iluminación espirituales. Es aquí donde fracasan la mayoría de los aspirantes. No hacen todo lo que pueden; no actúan a conciencia como les dieta su voz interna; no realizan las cosas que se ven incitados a hacer en sus momentos de meditación y no pronuncian las palabras que su mentor espiritual, el Yo, les urgen pronunciar. En el conjunto de estos detalles no realizados es donde se ven los grandes fracasos.
Referencias:
El Discipulado en la Nueva Era-Tomo I Pág.72/257/418/420