02/03/2018
NO EXISTE TAL COSA COMO UN ALMUERZO GRATIS
Se ha dicho que todo el conocimiento económico se puede condensar en esa simple frase. De uso popular en el habla inglesa, alude a una forma de atraer clientes que usan locales de comidas, deliberadamente saladas, donde la ganancia se hace a través de las bebidas. Es el equivalente a las cervecerías que ofrecen maní salado “gratis”. La idea central es que nada es gratuito en nuestra sociedad y que lo que así lo parece, en realidad tiene costos ocultos o algún otro, o la sociedad en su conjunto, está pagando por ello. Ese otro suele ser uno mismo sin darse cuenta.
El adagio explica en gran parte la paradoja del populismo prebendario: al tiempo que se multiplican los planes sociales, aumenta la pobreza. Tomemos por caso la presente discusión sobre el perverso esquema heredado de electricidad y gas quasi-gratuitos. Claro que la diferencia la pagamos entre todos, pero no todos por igual. El enorme costo que representa para el Estado es responsable en gran medida del desequilibrio de las cuentas públicas, que se cubre emitiendo dinero, que luego deviene en inflación. Se habla así del “impuesto inflacionario”, porque es una forma de recaudar lo que no se cobra directamente. Pero es un impuesto de tipo regresivo, eufemismo que usan los economistas para indicar que, proporcionalmente, lo pagan más los más pobres.
La quita de subsidios es tan escalonada que por un par de años más estaremos sufriendo picos de inflación en los primeros meses del año, cuando se hacen las actualizaciones tarifarias de servicios. Lo que no afectará la tendencia general descendiente de la inflación, pero proveerá leña para el fuego. Ajustes graduales inevitablemente implican mejoras graduales.
En resumen, lo que luce barato no siempre lo es. Los supermercados con mayor número de ofertas tienen el resto de sus productos más caros. No sólo en economía, SIEMPRE conviene evaluar los costos totales.
/Educando Al Soberano/