16/09/2021
CONFESIONES DE UN TORCIDO
Yo de chico pintaba que iba a ser oblicuo pero entre chancletazo y chancletazo me enderezaron a la fuerza y ahora por fin puedo decir que soy vertical, o que por lo menos lo intento. Al principio me costó mucho porque siempre me volvía a torcer, sobre todo de adolescente, pero ya de adulto me siento mucho mejor formando noventa grados con el suelo.
Me gusta caminar derecho, para que las personas no sospechen que algún día estuve torcido. Cuando observo a alguien oblicuo o curvo me da una vergüenza ajena que no puedo controlar. No me gusta la gente que da una mala imagen, me resultan tan impúdicos quienes van por la playa a admirar esa aberrante linea horizontal que forman el cielo y el océano ¡atrevidos! Dicen que a veces sale una ballena del mar y yo no estoy allí para verla, eso es porque no quiero ni acercarme a los ángulos agudos que forman las rocas, ni a esa cantidad de personas desalineadas que pululan por la zona.
Un día conocí a una mujer, era alta, imponente, bien recta, la mas recta que vi en mi vida. Estaba enamorado y gracias a mi esfuerzo por ser vertical es que ella también estaba muy enamorada de mí. Hicimos todo como corresponde, pero la noche que nos conocimos en la intimidad no resultó como yo esperaba, la mujer tenia bajo sus ropas un ángulo de 180°. La amé, sin dudas la amé, pero ese ángulo no pude soportarlo. Ella se fue y me dejó roto, estoy partido al medio por una bisectriz, pero al menos sigo siendo recto.
Antes de irse me dijo que si continuo pensando así nunca voy a ser feliz, que vivo mintiéndome a mi mismo, porque por mas esfuerzo que haga lo oblicuo se me nota a kilómetros de distancia ¡Que resentida y mentirosa!. Se vistió y pegó un portazo y ya nunca más la volví a ver...