19/08/2026
En 1494 la península itálica no era un Estado unificado, sino un mosaico de repúblicas, ducados, principados y reinos independientes. El mapa que me pasas refleja bastante bien esa fragmentación política que caracterizaba a Italia a finales del siglo XV.
Los principales poderes eran:
Ducado de Milán, gobernado por los Sforza, que dominaba buena parte del norte y tenía como centro Milán.
República de Venecia, una de las grandes potencias europeas, con amplios territorios en el noreste de Italia y una poderosa flota comercial.
República de Florencia, dominada políticamente por los Médici, que constituía uno de los grandes centros económicos y culturales del Renacimiento.
Estados Pontificios, bajo la autoridad del papa, ocupaban buena parte de Italia central, con Roma como capital.
Reino de Nápoles, que controlaba el sur de la península y que en 1494 estaba a punto de convertirse en el escenario principal de la intervención francesa.
República de Génova, importante potencia marítima del noroeste.
Ducado de Saboya, situado en el extremo noroccidental, con territorios a ambos lados de los Alpes.
Además existían otros Estados menores, como Mantua, Ferrara, Módena, Siena, Lucca y Monferrato, que desempeñaban un papel relevante en la política italiana.
A esto había que añadir Sicilia y Cerdeña, vinculadas a la Corona de Aragón. Sicilia estaba bajo dominio aragonés y Cerdeña también pertenecía a la esfera de la Corona de Aragón.
Lo más importante es que ninguno de estos Estados tenía capacidad suficiente para imponerse definitivamente sobre toda Italia. Existía un delicado equilibrio entre Milán, Venecia, Florencia, el Papado y Nápoles, acompañado de constantes alianzas, rivalidades y cambios diplomáticos.
Precisamente en 1494 este equilibrio comenzó a romperse. El rey francés Carlos VIII reclamó sus derechos sobre el Reino de Nápoles y cruzó los Alpes con un poderoso ejército. Su invasión desencadenó las Guerras Italianas (1494-1559).