La cuestión de las diferencias ha ocupado un lugar de privilegio en la
producción filosófica, cultural y antropológica desde las últimas dos
décadas. A partir de algunas reflexiones provenientes de la Filosofía
de la Diferencia, de los Estudios Culturales y de ciertos enfoques de
la antropología, se revela un conjunto de posibilidades para pensar
la pluralidad, la diversidad y la multiplicidad no ya como algo peligroso
o maléfico, no ya como algo que debe ser prohibido y/o apartado,
sino como término relacional. En el campo de la educación, numerosos textos, documentos
oficiales, discursos especializados y dispositivos técnicos han anunciado
un viraje desde la hegemonía hacia la diversidad. Cabe la duda de pensar si lo que está en juego es más bien una
nueva retórica, matizada por una serie de eufemismos como el
respeto, la tolerancia, la aceptación del otro, pero de cuyas raíces y
sentidos todavía debemos poner bajo sospecha. La educación no parece preocupada por las diferencias sino más
bien por una cierta obsesión por los "diferentes", por los "extraños",
por aquellos que se distancian de “la norma”. Cabe sospechar, entonces, de esa modalidad de traducción pedagógica
que se obstina desde siempre en señalar quienes son los "diferentes",
banalizando al mismo tiempo las diferencias.