04/11/2022
"Tal parece como si el ansia de poseer gran cantidad de cosas sean éstas de índole material o de carácter abstracto, como poder, fama, honor, prestigio o popularidad fuera un desesperado intento inconsciente por suplir la debilidad del ser con refuerzos externos, los que, infortunadamente, nunca podrán convertirse en «sujeto». El conocimiento tradicional, las dignidades profesionales, la riqueza material, y hasta la belleza física pueden ser posesiones que estemos pagando demasiado caro. En efecto, nuestro centro de gravedad psicológico, que debiera estar en un YO DIRECTOR, se proyecta progresivamente hacia aquello que tenemos, y estos objetos nos vacían, absorbiéndonos el ser. Es éste un problema parecido al que ya hemos comentado, al referirnos al caso en que el ser está en función de o al servicio de los objetos.
Según la relación que tenemos con las cosas que nos pertenecen y con el medio ambiente, nos vaciamos o nos llenamos, en lo que al ser se refiere. Aún para quien esté levemente despierto, no será difícil discernir que el hombre de hoy, salvo raras excepciones, es un sujeto por entero vacío; fantasma compuesto de sueños, ilusiones e información nutrida y variada, pero con un espíritu tan poco brillante como una vela de sebo. Su estructura psíquica recuerda a la conformación en capas de una cebolla, en que cada envoltura representa en el caso del hombre, un nivel de apariencia. De este modo, partiendo por la periferia, vamos apartando sucesivas cubiertas deseando encontrar el contenido esencial, comprobando finalmente que en su centro no hay más que aire. Repetidas capas de barniz cultural componen la estructura del homo-sapiens, y en una enorme cantidad de ejemplares de la especie solo existe el vacío, agazapado tras progresivas capas de maquillaje ilustrativo. [...]
Es preciso reparar en que, el ser es lo real dentro de nosotros; es aquello donde reside la libertad; es lo que escapa a la influencia onírica cuando recibe apoyo del yo volitivo; y es, por tanto, la porción vital que puede hacernos distinguir la verdad por un proceso de similitud con su propia confirmación.
Nuestra capacidad de comprensión depende del poder de nuestro ser, pero al comprender algo cabalmente estamos también ampliando el área del ser. El hombre «normal» no comprende, porque un computador no puede hacerlo; solamente es capaz de repetir indefinidamente el programa implementado."
– Darío Salas Sommer [John Baines],
Desarrollo del Mundo Interno, capítulo La cara oculta de la inteligencia (1984, Auyantepui Editores).