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Análisis morfológico y sintaxis, Interpretación a la palabra con un análisis profundo en base a los idiomas originales de la Biblia.

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Es una iniciativa para que todos podamos comprender la Biblia con un análisis más profundo del Idioma original de la biblia. Realizamos el curso intensivo de griego bíblico con enfoque en el análisis morfológico y sintaxis de las palabras. Utilizamos diferentes métodos de análisis en la interpretación con griego y hebreo bíblico. LOGOS K LOGOS
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18/05/2026

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Marcos 10:46-52

“46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. 47 Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! 48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! 49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. 50 Él entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. 51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. 52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino”

(Vs. 47) 756/ ἤρξατο (ἄρχομαι): verbo indicativo, aoristo, media, 3ra. singular - comenzó para sí mismo.
(Vs. 50) 577/ ἀποβαλὼν (ἀποβάλλω): verbo participio, aoristo, activa, masculino, singular, nominativo - habiendo arrojado completamente en forma activa, con voluntad.
(Vs. 50) 1530/ ἀναπηδήσας (εἰσπηδάω): verbo participio, aoristo, activa, masculino, singular, nominativo - habiendo levantado en forma activa, con voluntad.
(Vs. 50) 2064/ ἦλθεν (ἔρχομαι): verbo indicativo, aoristo, activa, 3ra. singular - realmente vino en forma activa, con voluntad.
(Vs. 50) 4314/ πρὸς: preposición- hacia.

En este pasaje se relata el encuentro de Jesús con el ciego Bartimeo, y cómo por su fe recobra la vista y su vida es transformada.

En el versículo 46 dice: “Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando”.

Y en el último versículo leemos: “Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino” (Vs. 52).

Entonces surge una pregunta importante: ¿cómo y por qué Jesús dice que este hombre fue salvado y recobró la vista por su fe?

¿Qué hizo este hombre, ciego y además mendigo, para recibir esta salvación y ver su vida transformada?

El evangelista Marcos, con la intención de identificar claramente a este hombre, menciona su nombre dos veces. Bartimeo, en griego bíblico Βαρτιμαῖος, significa literalmente hijo (Βαρ) de Timeo (τιμαῖος). Sin embargo, el texto dice: Βαρτιμαῖος ὁ υἱὸς Τιμαίου, es decir, “Bartimeo, el hijo de Timeo”.

Esta repetición parece señalar que Marcos quiso destacar a esta persona en particular, posiblemente porque su fe y su transformación causaron una fuerte impresión en la comunidad cristiana. Aquel ciego y mendigo que recobró la vista llegó a ser un testimonio vivo del poder de Jesús.

El relato muestra varias acciones de fe en la vida de Bartimeo.

La primera acción de fe aparece cuando oyó el anuncio de que Jesús pasaba por allí. Al escuchar el nombre de Jesús, actuó inmediatamente: comenzó (ἤρξατο) a levantar su voz y a clamar: “Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó (ἤρξατο) a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Vs. 47).

Ante el anuncio del evangelio —la buena nueva— Bartimeo no dudó. Reconoció a Jesús como Hijo de David, un título mesiánico que identificaba al Mesías prometido. Aunque era ciego, espiritualmente pudo ver quién era Jesús.

La segunda acción de fe se ve en la manera en que perseveró en su clamor. Mientras la gente decía simplemente “Jesús nazareno”, él lo llamó Hijo de David, reconociéndolo como el Mesías que había de venir.

A pesar de ser un ciego y mendigo, este hombre conocía la esperanza mesiánica del pueblo y creyó que Jesús era aquel Mesías prometido. Por eso clamó por misericordia. Pero muchos intentaban hacerlo callar: “Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!” (Vs. 48).

Bartimeo no se dejó detener por las voces que querían silenciarlo. Sabía que solo Jesús podía cambiar su situación. Tenía la certeza de que el Mesías podía devolverle la vista.

La tercera acción de fe aparece cuando Jesús lo llama: “Él entonces, arrojando (ἀποβαλὼν) su capa, se levantó (ἀναπηδήσας) y vino (ἦλθεν) a (πρὸς) Jesús” (Vs. 50). El hombre, con decisión y voluntad, arrojó (ἀποβαλὼν) su capa, se levantó (ἀναπηδήσας) de inmediato y vino (ἦλθεν) hacia (πρὸς) Jesús, dirigiéndose a Él con determinación.

Para un ciego y mendigo, la capa era probablemente lo más valioso que tenía. Era su abrigo, su protección y quizás el lugar donde recogía las limosnas. Sin embargo, cuando Jesús lo llamó, arrojó su capa y se levantó sin dudar. Este gesto simboliza dejar atrás su vida anterior y responder con decisión al llamado del Señor.

Algo semejante ocurrió con la mujer samaritana cuando tuvo su encuentro con Jesús:

Juan 4:28 (RVR1960)
“Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres”.

Así como ella dejó su cántaro después de encontrarse con Jesús, Bartimeo dejó su capa para ir a encontrarse con Él. Ambos gestos expresan abandonar la vida anterior para responder al encuentro con Cristo.

La cuarta acción de fe aparece en su respuesta cuando Jesús le pregunta: “Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga?” (Vs. 51). Bartimeo respondió con claridad y convicción: “…Maestro, que recobre la vista” (Vs. 51).

Él sabía y creía que solo Jesús podía darle lo que necesitaba. No pidió dinero ni ayuda pasajera; pidió ver. Su fe estaba puesta en Jesús como el único que podía cambiar completamente su vida.

Entonces Jesús, viendo la fe de este hombre, declaró: “…Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino” (Vs. 52). Bartimeo no solo recobró la vista física; su vida fue transformada. Aunque Jesús le dijo: “Vete”, él decidió seguirle. La evidencia de su fe fue que comenzó a seguir a Jesús.

La verdadera fe no solo recibe un milagro, sino que conduce a una vida de seguimiento al Señor.

Hebreos 12:2 (RVR1960)
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”.

Bartimeo, que antes estaba sentado al borde del camino, ahora camina en el camino siguiendo a Jesús.

–¿Reconocemos a Jesús como el Mesías y clamamos a Él con fe, como lo hizo Bartimeo?
–¿Perseveramos en buscar a Cristo aun cuando las circunstancias o las personas intentan silenciar nuestra fe?
–¿Estamos dispuestos a dejar aquello que representa nuestra vida anterior para responder al llamado de Jesús?
–¿Hemos experimentado una transformación en nuestra vida al encontrarnos con Jesús?

16/05/2026

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Saludos y Bendiciones,
Prof. Presbítero Daniel J.H. Lee

15/05/2026

Reflexión bíblica desde el griego del Nuevo Testamento. En este estudio reflexionamos sobre Lucas 20:20-47, atendiendo al texto griego bíblico y a su análisis morfológico y sintáctico, para comprender con mayor profundidad el mensaje que el evangelista transmite.

El propósito de este contenido es acercarnos al texto inspirado tal como fue dado, fortaleciendo nuestra comprensión y nuestra vida espiritual.

LogosKLogos – Un estudio serio y reverente de la Palabra de Dios en sus idiomas originales.

11/05/2026

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Marcos 10:32-45

“32 Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: 33 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; 34 y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará. 35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. 36 Él les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 37 Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 38 Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? 39 Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; 40 pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado. 41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan. 42 Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. 43 Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. 45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.

(Vs. 45) 1247/ διακονηθῆναι (διακονέω): verbo infinitivo, aoristo, pasiva - ser servido una vez por todas.
(Vs. 45). 1247/ διακονῆσαι (διακονέω): verbo infinitivo, aoristo, activa - a servir una vez por todas en forma activa, con voluntad.

Jesús, una vez más, anticipó lo que habría de suceder con Él: su sufrimiento, su muerte en la cruz y luego su resurrección, revelando así la obra redentora de Dios. “Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer:” (Vs. 32).

Mientras iban camino a Jerusalén, Jesús va delante de ellos y vuelve a anunciar lo que sucederá: “He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará” (Vs. 33–34).

Aquí Jesús revela el propósito central de su venida: la obra redentora.
El camino de Cristo no es el de la exaltación humana, sino el camino del sufrimiento, del sacrificio y de la cruz.

Sin embargo, los discípulos vuelven a mostrar el mismo problema en sus corazones: la búsqueda de grandeza y posición. Justo después de que Jesús anuncia su sufrimiento, su muerte y su resurrección, ellos vuelven a pensar en quién será el mayor. El contraste en el texto es muy claro e intencional.

Ya hemos visto una escena similar en el capítulo 9, en los versículos 31–37. En aquel momento Jesús ya les había enseñado: “Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos” (9:35).

Sin embargo, inmediatamente después de este nuevo anuncio de su muerte, Jacobo y Juan se acercan a Jesús con una petición: “…Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda” (Vs. 37).

Esto muestra que los discípulos todavía pensaban en términos de poder y jerarquía. Mientras Jesús habla de entregar su vida, ellos piensan en posiciones de gloria. El contraste es profundo: Jesús habla de la cruz, pero los discípulos piensan en los tronos.

Jesús les responde: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo, o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado?” (Vs. 38).

El “vaso” y el “bautismo” se refieren al sufrimiento y a la entrega que Jesús enfrentará. Pero sin comprender plenamente lo que esto significaba, respondieron con seguridad: “…Podemos…” (Vs. 39).

Cuando los otros discípulos escucharon esto, se indignaron contra Jacobo y Juan: “Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan” (Vs. 41).

Esta reacción muestra que el problema no era solamente de dos discípulos; todos ellos aún luchaban con el mismo deseo de grandeza.

Entonces Jesús les enseña un principio fundamental del Reino de Dios: “…Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros…” (Vs. 42–43).

En el mundo, la grandeza se entiende por el poder, la autoridad por el dominio y el liderazgo por el control. Pero en el Reino de Dios ocurre lo contrario: “…El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor; y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos” (Vs. 43–44).

La verdadera grandeza, autoridad y liderazgo en el Reino de Dios se manifiestan por medio del servicio.

Jesús termina con una de las declaraciones más profundas del Evangelio:
“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido (διακονηθῆναι), sino para servir (διακονῆσαι), y para dar su vida en rescate por muchos” (Vs. 45).

El mismo verbo διακονέω (servir) aparece en dos formas que revelan el contraste entre el pensamiento del mundo y el principio del Reino de Dios. En el mundo, los líderes buscan ser servidos (διακονηθῆναι). Pero en el Reino de los cielos, el verdadero liderazgo se expresa en servir (διακονῆσαι) voluntariamente a los demás.

Cristo mismo es el ejemplo perfecto de este principio. Él no vino para recibir honor o servicio de los hombres, sino para servir, entregarse y dar su vida por muchos.

Filipenses 2:5–8 (RVR1960)
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús… se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo… y se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Cristo sirvió, se humilló y dio su vida. En Él vemos el verdadero modelo de grandeza en el Reino de Dios.

–¿Estamos buscando posiciones de honor o estamos dispuestos a servir como Cristo sirvió?
–¿Entendemos que el camino del Reino de Dios pasa por la humildad y el servicio, y no por el poder o la posición?
–¿Estamos dispuestos a seguir a Cristo también en el camino del sacrificio y la entrega?
–¿Refleja nuestra vida el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús, quien se humilló para servir?
–¿Estamos viviendo el liderazgo cristiano como dominio sobre otros o como un servicio para los demás?

08/05/2026

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Lucas 20:1-19

“1 Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos, 2 y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas?, ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad? 3 Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme: 4 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? 5 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? 6 Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta. 7 Y respondieron que no sabían de dónde fuese. 8 Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas. 9 Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo. 10 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. 11 Volvió a enviar otro siervo; mas ellos a este también, golpeado y afrentado, le enviaron con las manos vacías. 12 Volvió a enviar un tercer siervo; mas ellos también a este echaron fuera, herido. 13 Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto. 14 Mas los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra. 15 Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña? 16 Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre! 17 Pero él, mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo? 18 Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará. 19 Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo”.

(Vs.7) 1492/ εἰδέναι (εἴδω): verbo infinitivo, perfecto, activa - no “haber sabido desde el principio” de dónde fuese.

Un día, Jesús, la verdadera autoridad, el único que tiene toda potestad sobre los cielos y la tierra, enseñaba al pueblo en el templo y hablaba del evangelio y del reino de los cielos.

Mateo 28:18 (RVR1960)�“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”.

Mientras Jesús enseñaba al pueblo, llegaron los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, quienes ejercían la autoridad dentro del pueblo judío y se consideraban a sí mismos como la máxima autoridad para su nación. “Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos” (Vs. 1).

Los sacerdotes (ἱερεῖς) oficiaban rituales y ofrecían sacrificios; el sanedrín era el máximo tribunal encargado de interpretar la ley. Los ancianos, o presbíteros (πρεσβύτερος), formaban parte del sanedrín junto con los sacerdotes y los escribas. Eran jefes de familias laicas influyentes, representantes de la nobleza laica en el Consejo. También eran conocidos como “los principales del pueblo”, “los primeros de la ciudad” o “los jefes del pueblo”. Los escribas, por su parte, constituían un poder creciente en la época de Jesús. Se les designaba como grammateis (γραμματεῖς), es decir, “expertos en la Escritura”, “entendidos”, y también como juristas.

Ellos le preguntaron a Jesús: “Y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas?, ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad?”(Vs. 2). Hicieron una pregunta absurda. Creyéndose autoridad, interrogaron a Jesús, quien es, en verdad, la única autoridad no solo del pueblo judío, sino de los cielos y de toda la tierra. Su perspectiva estaba limitada a la autoridad humana, ignorando la autoridad de Dios sobre todo lo creado y la potestad que tiene Jesús como Hijo de Dios, porque no creían en Él.

En respuesta, Jesús les devolvió una pregunta que apelaba directamente a la autoridad divina: “Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme: El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres?” (Vs. 3-4).

Ellos conocían la respuesta a lo que Jesús les planteaba, y discutían entre sí: “Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta” (Vs. 5-6). Pero como no habían creído ni aceptado la verdad, respondieron: “Y respondieron que no sabían (εἰδέναι) de dónde fuese” (Vs. 7). Dijeron que no sabían, no han sabido (εἰδέναι), pero en realidad no querían reconocer desde el principio con qué autoridad Juan bautizaba.

Ellos afirmaban no saber con qué autoridad Juan el Bautista bautizaba ni con qué autoridad Jesús enseñaba y proclamaba el evangelio, porque se creían a sí mismos como la única autoridad. No comprendían que incluso la autoridad que poseían les había sido dada por Dios. No creyeron ni aceptaron a Juan como enviado de Dios, ni reconocieron la autoridad de Jesús como Hijo de Dios, que es la misma autoridad de Dios.

Entonces Jesús les dijo que tampoco Él les diría con qué autoridad hacía aquellas cosas: “Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas” (Vs. 8.). Y enseguida contó al pueblo una parábola. “9 Comenzó luego a decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, la arrendó a labradores, y se ausentó por mucho tiempo. 10 Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; pero los labradores le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. 11 Volvió a enviar otro siervo; mas ellos a este también, golpeado y afrentado, le enviaron con las manos vacías. 12 Volvió a enviar un tercer siervo; mas ellos también a este echaron fuera, herido. 13 Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizá cuando le vean a él, le tendrán respeto. 14 Mas los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra. 15 Y le echaron fuera de la viña, y le mataron. ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña?” (Vs. 9-15).

El señor de la viña envió tres veces a un siervo con su autoridad para recibir el fruto de la viña, pero los labradores lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías, porque no reconocieron la autoridad con la que venía. Sin embargo, el señor envió a su propio hijo, pensando que respetarían su autoridad al tratarse de su heredero. Pero aquellos labradores malvados tampoco reconocieron la autoridad del señor, y al hijo lo mataron y lo echaron fuera de la viña.

Luego Jesús preguntó: ¿Qué, pues, les hará el señor de la viña? “Vendrá y destruirá a estos labradores, y dará su viña a otros. Cuando ellos oyeron esto, dijeron: ¡Dios nos libre!” (Vs. 16). El pueblo respondió: ¡Dios nos libre!, que no suceda (μὴ γένοιτο) tal cosa.

Pero Jesús dijo lo siguiente: “17 Pero él, mirándolos, dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo? 18 Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará. 19 Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho esta parábola; pero temieron al pueblo” (Vs. 17-19).

–¿Creemos en que Jesucristo tiene la única autoridad sobre los cielos y la tierra?

04/05/2026

Mapa visual completo de la teología reformada.
Historia, teólogos, aportes e influencia doctrinal.

04/05/2026

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Marcos 10:13-31

“13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban. 14 Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. 15 De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía. 17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? 18 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. 20 Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. 21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. 22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 26 Ellos se asombraban aún más, diciendo entre sí: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 27 Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. 28 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido. 29 Respondió Jesús y dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, 30 que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. 31 Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros”.

(Vs. 15) 1209/ δέξηται (δέχομαι): verbo subjuntivo, aoristo, media, 3ra. singular - reciba para sí mismo, bien dispuesto.
(Vs. 17) 4370/ προσδραμὼν (προστρέχω): verbo participio, aoristo, activa, masculino, singular, nominativo - habiendo corrido en forma activa, con su propia voluntad.
(Vs. 17) 4160/ ποιήσω (ποιέω): verbo subjuntivo, aoristo, activa, 1ra. singular - qué haré una vez por todas en forma activa, con mi propia voluntad.

Este pasaje enseña cómo es el Reino de Dios y cómo se entra en él. Y comienza con: “Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reprendían a los que los presentaban” (Vs. 13).

Pero al verlo Jesús, se indignó y dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios” (Vs. 14).

¿Por qué Jesús se indignó por lo que hicieron sus discípulos al reprender a los que trajeron los niños?

Podemos entender humanamente que lo que hicieron los discípulos parecía un intento de evitar que los niños interrumpieran la enseñanza o el ministerio de Jesús. Sin embargo, el Señor señaló un punto espiritual profundamente importante: “...porque de los tales es el reino de Dios”. Y agregó con un tono aún más solemne: “De cierto os digo, que el que no reciba (δέξηται) el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Vs. 15).

¿Cómo entendemos esto? ¿Por qué como un niño?

Jesús está hablando de la actitud espiritual que representa el niño, no de la edad ni de la supuesta inocencia de la niñez. Un niño pequeño no puede sostenerse por sí mismo; depende completamente de sus padres. Del mismo modo, el Reino de Dios no se conquista ni se merece, sino que se recibe.

La palabra que usa el texto es δέξηται (recibir), lo cual implica aceptar algo que se da gratuitamente y recibirlo para sí mismo con disposición y confianza.

Juan 1:12 (RVR 1960)
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Luego el texto muestra la ternura del Señor: “Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía” (Vs. 16).

Inmediatamente después aparece un contraste muy significativo.

Un joven rico vino corriendo a Jesús. Pero, en lugar de recibir la vida eterna como un don, él pensaba alcanzarla mediante su propio esfuerzo, como si él mismo fuera el actor principal. “Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo (προσδραμὼν), e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré (ποιήσω) para heredar la vida eterna?” (Vs. 17).

La acción del joven rico —expresada en venir corriendo (προσδραμὼν) y en qué haré (ποιήσω)— aparece en voz activa, indicando su propia iniciativa y voluntad. Él toma la iniciativa como si fuera el sujeto activo que puede alcanzar la vida eterna por medio de sus acciones.

Pero el joven no comprendía plenamente quién era Jesús. Lo llamó “Maestro bueno”, pero Jesús lo confronta con una verdad más profunda: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios” (Vs. 18).

Jesús dirige la atención hacia Dios como la fuente de toda bondad. Él es el verdadero actor activo en la salvación, el único que puede dar la vida eterna que el joven deseaba obtener por sus propios méritos.

Entonces Jesús, para poner a prueba lo que este joven pensaba acerca de la vida eterna, le recuerda los mandamientos: “Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre” (Vs. 19). Y el joven responde con seguridad: “Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud” (Vs. 20).

Entonces el texto revela un detalle profundamente pastoral del corazón de Jesús: “Entonces Jesús, mirándole, le amó…” (Vs. 21). Y le dijo: “…Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz” (Vs. 21).

Jesús ya sabía que este joven pensaba obtener la vida eterna mediante su esfuerzo y su propia voluntad. Pero su respuesta reveló la contradicción de su corazón.

Había preguntado: “¿qué haré para heredar la vida eterna?”, como si pudiera alcanzarla mediante una acción propia. Sin embargo, ni siquiera podía desprenderse de sus riquezas para seguir a Jesús. “Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Vs. 22).
�Probablemente todo lo que había logrado —su riqueza y su posición— lo había obtenido mediante su propio esfuerzo, y por eso sentía que le pertenecía plenamente. Pero dejarlo todo para recibir un tesoro en el cielo, que no se adquiere por esfuerzo humano sino por la gracia de Dios, le resultaba imposible.

Para él, el valor estaba en aquello que se obtiene mediante el esfuerzo propio. Pero la vida eterna no es una recompensa por obras humanas, sino un don de Dios.

Efesios 2:8–9 (RVR1960)
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

El joven rico no comprendió que la vida eterna es un regalo de Dios que se recibe con fe. Y así dejó pasar el regalo de Dios, la vida eterna que tanto deseaba obtener.

Juan 17:3 /RVR1960)
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!” (Vs. 23).

Y añadió: “¡Cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Vs. 24–25).

El problema no es la riqueza en sí misma, sino confiar en ella y poner en ella la seguridad del corazón. “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Lucas 16:13).

Sin comprender plenamente lo que Jesús había dicho, los discípulos se preguntaban entre sí: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (Vs. 26).

Porque la salvación no depende del poder del hombre, sino del poder de Dios. “Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios” (Vs. 27). El poder de salvar pertenece únicamente a Dios; solo Dios puede salvar al hombre.

Entonces Pedro dijo: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido” (Vs. 28).

Y Jesús respondió: “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Vs. 28–30).

Mateo 19:29 (RVR1960)
“Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna”.

–¿Estamos recibiendo el Reino de Dios con la humildad y dependencia de un niño?
–¿Estamos intentando alcanzar la vida eterna mediante nuestro propio esfuerzo, como el joven rico?
–¿Hay algo en nuestra vida que valoramos más que seguir a Cristo?
–¿Reconocemos que la salvación es un don de Dios y no el resultado de nuestras obras?
–¿Estamos dispuestos a seguir a Jesús, aun si eso implica dejar cosas que el mundo considera valiosas?

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