18/09/2026
Mujeres: tengan mucho cuidado con confundir fe con sometimiento. Que un hombre crea en Dios, vaya a la iglesia, hable de familia, valores, matrimonio o tradición no significa automáticamente que sea una buena pareja. La fe no convierte a nadie, por sí sola, en una persona respetuosa.
Hay hombres que pueden utilizar la religión para justificar cosas que no tienen nada de amor: querer decidir por vos, controlar cómo te vestís, con quién hablás, qué hacés con tu dinero, qué lugar ocupás en la pareja o hacerte creer que poner límites es ser una mala mujer. Y cuando cuestionás algo, aparece el famoso “Dios dice…”, como si nombrar a Dios terminara cualquier discusión.
También prestá atención al doble estándar. Si espera de vos pureza, fidelidad, paciencia, perdón, servicio y obediencia, pero él no se exige la misma integridad, responsabilidad y respeto, el problema no es la religión: es la desigualdad.
Perdonar tampoco significa permitirlo todo. Amar no significa aguantar faltas de respeto. Tener una familia no significa sacrificar tu dignidad para sostener una apariencia. Y acompañar a un hombre no significa convertirte en su empleada, su madre o una persona sin voz propia.
Una relación sana no necesita que uno esté arriba y el otro abajo. Puede haber creencias, acuerdos, roles diferentes y una vida espiritual compartida, pero tiene que existir respeto mutuo, escucha, responsabilidad y libertad. Si la única manera de que la relación “funcione” es que vos calles, obedezcas, dependas y perdones indefinidamente mientras él conserva todos los privilegios, eso no es compañerismo.
Mirá menos lo que dice y mucho más cómo se comporta. Porque alguien puede hablar muchísimo de Dios y, al mismo tiempo, tratar muy mal a la persona que tiene al lado.
La fe debería ayudarnos a amar mejor, no convertirse en una excusa para controlar a otra persona.