14/09/2026
Cuando una emoción es muy grande, encontrar las palabras no siempre es fácil.
A veces queremos ayudar y decimos rápidamente:
“No pasa nada.”
“Ya está.”
“No te pongas así.”
Pero quizás, en ese momento, nuestro hijo no necesita que hagamos desaparecer lo que siente.
Necesita saber que podemos quedarnos ahí con él.Podemos escuchar.
Podemos poner palabras:
“Veo que estás muy enojado.”
“Esto te puso triste.”
“Entiendo que te haya molestado.”
Nombrar una emoción no la hace desaparecer.
Pero puede ayudar a reconocerla, expresarla y empezar a comprenderla.
Y algo importante:
validar una emoción no significa aprobar cualquier conducta.
Podemos comprender el enojo y, al mismo tiempo, poner un límite.
Podemos acompañar sin presionar.
Podemos sostener sin apurar.
Porque el lenguaje también crece en esos momentos de encuentro, cuando un adulto ayuda a poner palabras a aquello que todavía cuesta decir.
El lenguaje crece en vínculo y en un clima de confianza.