21/07/2026
Hoy me acordé de Bony.
Bony era una de las mamás del grupo de Catequesis de Primera Comunión de la parroquia.
Era alta, muy bella, hablaba bajito y sabía expresar con dulzura todo lo que pensaba.
Mientras su esposo trabajaba y construía, con sus propias manos, la casa familiar, ella decidió aportar económicamente vendiendo pollo desde su casa. Empezó preparando milanesas de pechuga, después incorporó pollo trozado, alitas, pata y muslo, menudos... Poco a poco, aquel pequeño emprendimiento fue creciendo.
Pero ese no era su único trabajo.
También ayudaba en la construcción de la casa: acarreaba arena, preparaba mezcla, cargaba baldes, subía ladrillos. Hacía todo con una fuerza y una alegría admirables.
Cuando por fin terminaron las habitaciones de arriba y pudieron mudarse, Bony estaba feliz. El negocio ya tenía su propio espacio y el sueño de la casa casi estaba cumplido.
Sin embargo, mientras cuidaba de todos, dejó de cuidarse a ella.
Comenzó con dolores. Pensó que sería una comida, el esfuerzo o el cansancio. Se calmaba con analgésicos de venta libre y seguía adelante. No tenía tiempo para ir al hospital. Había demasiado por hacer.
Quienes la conocíamos le insistíamos para que se hiciera ver.
Pero Bony siempre encontraba una razón para postergarse.
Cumplía con todo y con todos... Menos con ella.
Una noche el dolor fue insoportable. Aceptó que la llevaran al hospital.
No pudieron salvarla.
Hoy, tantos años después, sigo recordándola.
Recuerdo su fortaleza, su entrega, su amor inmenso por su familia y el ejemplo de trabajo que les dejó a sus hijas. Ellas crecieron, estudiaron, trabajan y permanecieron unidas. Salieron adelante, como ella les enseñó. Todavía la extrañan.
Hoy quiero honrar la memoria de Bony no solo recordando su enorme capacidad de amar, sino también la enseñanza que, sin proponérselo, nos dejó:
Si vas a cuidar a otros, también cuidate vos porque muchas veces creemos que postergarnos es un acto de amor y no, no lo es.
El amor también consiste en hacerse un tiempo para escuchar el propio cuerpo, atender el propio dolor y pedir ayuda cuando hace falta.
Te quiero, Bony!
Sé que, dondequiera que estés, te alegras al saber que tu historia puede ayudar a que otra persona elija cuidarse un poco más.
💐
Querer a Zuny fue muy fácil. Era una hermosa persona. Lo difícil, muchas veces, no es querer a los demás... Lo difícil es querernos también a nosotros mismos.
¿Dejaste para después algo importante de tu salud por cuidar de todos los demás alguna vez?
Y otra cosa:
Si esta historia te hizo pensar en alguien, compartila. Tal vez hoy sea el recordatorio que esa persona necesita: cuidar a los demás también implica cuidarse a uno mismo. 💙